CAPITULO 6 - LOS GUINNESS ESTUDIAN EL TRATO

*la foto en verdad es de un letrero que pone Guineys, yo pensaba que seria una fábrica muy antigua de Guinness o almacén, pero es una antigua señal de una gran cadena de almacenes de venta royo bazar, seguro que parientes de los Guinness... 


La familia Guinness, nunca estuvo interesada en Grinder Plate.

Aunque ya conocían su existencia, nunca tomaron en serio a los habitantes de esa isla, ni sus campos de cultivo, ni su producción de cerveza, lo veían como aficionados haciendo cerveza para sus cumpleaños y fiestas populares, sin exportaciones ni ventas, así que para ellos nunca fueron una amenaza.

Los Irlandeses, le pidieron tiempo a los de la Triada del mal para pensarse bien su colaboración, ya que los españoles no gozábamos de muy buena reputación. Y no éramos de fiar en ninguna parte del extranjero.

Dudaban mucho de la sinceridad de sus posibles socios, si estaban interesados en la producción o la calidad de los de Grinderplate, sería por algo, que posiblemente se les escapaba...

La apertura de mercado que les prometían los Españoles no tenía mucho sentido, y parecía una trampa embaucadora. Para qué iban ellos mismos añadir competidores en su propio mercado? con costes claramente disparados por la exportación y beneficios más bajos que vendiendo sus propios productos... no tenía sentido.

Antes de tomar ninguna decisión precipitada, los Guinness enviaron a sus mejores expertos y maestros cerveceros a investigar Gplate, para que viesen que intereses podían tener los Españoles.

Estos expertos que chupaban de contratos millonarios por formar parte de Guinness, sabían mucho pero, no habían innovado nada en años, servían sólo para dar caché a la marca, pareciendo que tiene los mejores expertos a cargo de sus recetas, aunque Guinness mantenía la misma receta que hace 100  años. Dejando que el marketing imperativo vendiese sin necesidad de que ellos se esforzaran mucho en su trabajo .

Cuando los expertos llegaron a GP;

Entraron en una de las casetas llamadas “fabriqueta” por la gente local, aunque las dimensiones de estas fábricas sería de grande como alguno de los despachos importantes de los directores de Guinness o incluso más pequeña.

Aún con su pequeño tamaño y su poca tecnología aplicada en los procesos de producción, se dieron cuenta que cada uno de los habitantes era experto en la actividad que desarrollaba, no sólo experto sino que se notaba que era algo vocacional, tradiciones familiares mantenían una misma labor de generación en generación. La familia Lupulus Plate, se dedicaba a sembrar el mejor Lúpulo, con tratados muy especiales y variedades incontables.

La familia de los Maltus, (inmigrantes de Malta hace cientos de años que vinieron por la crisis del hambre, debido a guerras civiles en su país), ellos se dedicaban a preparar la mejor cebada de la zona.

En la estructura piramidal de Grinderplate, no había esclavitud ni aprovechamientos, los que estaban más arriba era por experiencia y sabiduría, aunque no cobrarían más que nadie,  la toma de decisiones en cuanto a recetas, procesos, cosechas y elaboraciones sería tomada por ellos, los sabios de GP, manteniendo las tradiciones de sus ancestros.

Toda la producción era con productos íntegros de la zona, cero importación.

Los forasteros Irlandeses quedaron conmovidos con la profesionalidad de este poblado, la rigurosidad en la calidad, la precisión de cada movimiento por simple que fuese, aunque las proporciones y cantidades no eran comparables con su industria, pero la precisión del trabajo era de envidiar hasta para las máquinas más innovadoras del mercado.

Fuera de eso, estos supuestos expertos no encontraron la razón por la cual La Triada del Mal tuviese  tanto interés en GPlate, más que sacar algunas recetas novedosas o algún tipo de lúpulo o cebada que no pudiesen encontrar en su país.

Volvieron a Dublin, sin nada claro, pero quisieron tranquilizar a sus jefes, diciéndoles que no veían un mal mayor por lo que pudiesen colaborar con esa gente del Sur del atlántico

Los Guinness que son muy desconfiados, necesitaban una segunda opinión, así que llamaron a su más fiel aliado, la mafia de los Temple Bar. Los Temple, tenían menos poder económico que los Guinness, pero no había nada en Dublin que se les escapase, controlaban los bares, las casas de apuestas, y todo articulo de color verde o con un trébol que cualquier turista pudiese adquirir en su estancia en la capital. A parte de su control nacional, gozaban de espías y enviados por todo Europa.

La reunión fue corta, no había mucho que explicar, necesitaban información de cuál eran las verdaderas intenciones de los Españoles, antes de aceptar ningún trato.

Saben que si pides un favor a los Temple, estás en deuda de por vida, o al menos hasta que le devuelvas un favor de la misma envergadura.

Una misión es una misión, cualquier miembro y/o subordinado del grupo Temple sabe que no hay bromas, sólo existe un fin, completar la misión que mandan los de arriba.

Un día, 5 horas y 23 minutos exactos pasaron hasta que el magnate de la familia Guinnes, Don Patrick Green, recibió la llamada de un enviado de sus socios.

Sin presentarse dijo:

  • Este es un mensaje para Patrick Green :

No acepten el trato. Los españoles no están interesados en las recetas, quieren conquistar Green Plate y descubrirla al mundo como nación Española, creando un parque de atracciones de la cerveza para europeos aprovechando la noticia de un tal Ele Uve, un casi influencer que naufragó hace años a la isla.

Dicho esto, colgó.

Don Patrick Green se puso rabioso, y gritó, GPlate es Irlanda no España!