Capitulo 2 - El "hotel" , la hechicera y el agua de la verdad



Al llegar al aeropuerto, salimos y el bus nos llevó a Dublín, pensaba que una limusina o un coche al menos vendría a por nosotros..

Pero no fue así, fuimos en bus, vaya maestro, pensaba que tenía más caché -  me dije a mi mismo.

Al bajar, dimos varias vueltas hasta llegar al “hotel”, como si no supiese dónde iba, o o si lo sabía trataba de despistar para que no nos siguiera nadie.

Paró a una asiática, se saludaron de forma un tanto extraña, no sabía si se conocían o eran completos desconocidos. Escuché algo de la señal y el código, seguido, la china o japonesa ,no sé, levantó el pulgar como un like del Facebook y después de ese gesto nos fuimos.

No entendía nada, aun cuando hablaban inglés, que más da pensaba, estoy cansado y quiero llegar al “hotel”.

Volvimos por donde veníamos dando media vuelta, de camino un taxista, nos saluda con el pulgar levantado, para delante nuestra, baja la ventanilla y dice:

  • cruzad la calle !

Sube la ventanilla y se va sin dejarnos decir nada.

Yo flipaba, se me quitó el mono de fumar de golpe, que hago yo aquí ? Esta no se si es una gincana o es cosa del yet lag…

Pero no, no creo, porque el susto que nos dio el avión al aterrizar, fue suficiente para saber que todo esto era real..    nunca había visto a gente preocupada por su vida de verdad en el avión, agarrándose y con cara de asombro y duda a la vez. Yo quería resolver el pánico haciendo bromas de tipo:

- el piloto es nuevo, está en formación por eso este aterrizaje forzoso… nadie me seguía la broma así que callé.

Íbamos en una compañía lowcost por lo que no pienso que disfrutemos de los mejores aviadores del país, en el perfil de l@s azafat@s podías ver que claramente esto no era Qatar Airlines.

Bueno y de vuelta a la búsqueda del hotel…

Cruzamos por dónde indicó el taxista, convencidos de que sabía él mejor qué nosotros dónde íbamos. Bueno yo no tenía más opción, me encontraba siguiendo a Rastaman en Irlanda.

Ya quedaba menos, o eso esperaba yo.

Unos metros más y paramos en una tienda de unos antiguos marines o armada militar, de patriotas irlandeses, había uno que parecía el Teniente, con el pelo gris blancoso brillante, engominado, puntiagudo como los que salen en las pelis de los yankees que tienen muchos galones o como se diga. Le acompañaba quien parecía su súbdito, con cara de buena gente y de ser un bien mandado y fiel compañero, aunque cabe a destacar a primera vista que neuronas tiene las justas y su ojo bizco no parecía de la guerra, sino más buen relacionado a algún tipo de deficiencia mental..

Bueno, no se si pilláis la escena pero sigo…

Al entrar nos miran como extranjeros, que en verdad es lo que somos, aún así nos dejan espacio para ver que hacíamos allí, quería hablar yo primero, para ver si conseguía ayudar en algo, pero me sentí intimidado por la firme mirada del Teniente , por lo que miré al maestro, este no dijo nada, miró al viejo Irlandés y le levanto el pulgar tal como la asiática y el taxista habían hecho con nosotros.

El Teniente Asintió con la cabeza y miró a su compatriota.

El bizco se acercó y dijo en voz baja:

3536, 11 LOWER DORSET STREET DOOR 1

Después de eso, los dos se dieron media vuelta, i siguieron como si ya no estuviéramos en la misma sala que ellos respirando el mismo aire, me sorprendió esa capacidad de ignoramiento, y caso omiso instantáneo.

Sin decir adiós, nos giramos y nos fuimos, antes dándoles un tímido gracias con la cabeza por si nos miraban de reojo, ya que decir gracias verbalmente nos parecía inoportuno, habían dejado claro que la comunicación había terminado en punto y final.

Buscando la dirección en el mapa, nos dimos cuenta que era justo la puerta de al lado, justo antes de cruzar la puerta del misterioso “hotel”, me di cuenta que en lo alto del edificio ondeaba una bandera con un símbolo que era una mano en forma de like. Parecía que algo había lógico dentro de esa locura.

Ahora lo entendía todo pensé por un momento... la china, el taxista, el coronel todos hicieron like, igual que la bandera, pero porque? La verdad no entendía nada.

Introducimos el código "3-5-3-6 ". Se abrió la puerta, daba a un largo pasillo, allí nos esperaba Martina, nos dijo cuál era la habitación 1. Escuché que le decía a Rastaman que 13 y 14 eran nuestros respectivos números de cama y vi como le daba un set de mantas y sábanas para los dos días que reservó el Maestro y le daba un papel con unos números.

- Como que camas 13 y 14?¿? Que raro- pensé..

Abrimos la puerta de la habitación numero 1,  con el código que acabábamos de recibir.

Empecé a dudar del prestigio del Maestro, yo estaba esperando que tendríamos un alojamiento digno de estrellas del rock, o al menos una habitación para los dos, pero no fue así...

Conté aproximadamente unas 20camas o especie de ataúdes dónde íbamos a pasar la noche 20 desconocid@s compartiendo ronquidos y olores de calcetines sudados.

Por mi cabeza pasaban miles de situaciones random que podrían darse en ese formato convivial para los que no se pueden alojar en al menos una pensión de toda la vida.

Si todos tuviésemos un horario parecido, usar el baño por la mañana podría ser un kaos o misión imposible, dejando a un lado la cuestión de higiene y bacterias. Cuando vi los pelos pegados en la pared y la falta del típico cartel donde firman y ponen fecha cuando han pasado a limpiar, no dejaban duda de que mejor ponerse chanclas al ducharse.

Que mala suerte, este artista bohemio, pensaba que iba al Hotel Plaza de Dublin con el maestro Imperial de la Cerveza, y se encuentra en un albergue con camas nido y sin chanclas ni toalla.

Otras dudas que me pasaban por la cabeza, eran preguntas chorras como… que tipo de individuo tendría durmiendo a mi lado, me preguntaba si mis pertenencias aunque no fueran muy valiosas estaban a salvo, y mi vida?

Me preguntaba si habría algún capitulo de "Crims" de Carles Porta había tenido suceso en un Hotel de este tipo, pero pensé que era mejor dejar de pensar.

Me puse a fijarme en los muchos carteles con normas repartidos por cualquier parte de la habitación, cosa que podía entender, lo que no entendía era la maquina expendedora vacía para complementar una habitación y servicio tan poco hospitalario.

Al menos gozaba de WiFi, podías elegir entre 3 conexiones, aunque ni sumando las 3 redes juntas que ofrecían llegaban a la velocidad de un 3G.

De todas formas no me servía de gran cosa , a quién iba a informar de mi situación? Quién me iba a creer? Qué iba a decir?

Hola mamá! Si aquí estoy en Dublin con el Bob Marley de la birra, en un Hotel estilo japonés con 20 desconocidos y una máquina expendedora vacía por si me da hambre… - pensaría que seguía fumando demasiado.

Así que coloqué mis cosas en el “armario”, que eran unas puertas debajo de la cama, para que dejases la maleta en el suelo pero con una puerta con posibilidad de cerrar con candado si es que lo tenias.

Ahora entendía porque los viejos militares de la tienda de al lado tenían una sección enorme de candados.

El maestro no se veía sorprendido por el lugar, pero se notaba que no había estado aquí antes y tampoco conocía al resto de los ocupantes, de los que os haré descripción en otro momento. Si que habló con Martina pero tampoco parecían conocerse .

Rápidamente se dio cuenta que no era el Hotel que yo me esperaba y que mi sueño esta noche no iba a gozar de la intimidad que podría imaginar. Por eso de vez en cuando me decía:

- todo bien? Ya veras lo bien que lo vamos a pasar!

Su buena onda me hizo dejar de pensar en lo raro de todo el conjunto de situaciones y empezar a fluir y dejarme llevar por el ahora.

Después de tomar una ducha secándome con lo que pude, y un poco de reposo, nos reunimos con Martina, en el sótano de las zonas comunes, dónde nadie más podía oírnos.

Nos sentamos y el maestro rasta empezó la conversación:

- Gracias Martina por darnos la Bienvenida, soy Rastaman maestro cervecero y este es mi amigo Patrichio un artista con orígenes irlandeses que conocí en Ibiza y he traído para que pueda expandir su arte por Irlanda.

- Interesante -dijo ella

- Y tú? - preguntó el maestro

- Soy hechicera, vengo de un pueblo de la Toscana, Camaiore un lugar que poca gente conoce, donde salimos la última generación de hechiceras, o brujas como dicen los malvados de la organización Temple Bar y sus aliados los brujos de magia negra de Guinness.

Lo sabía! - dijo el Maestro, lo supe en cuanto te dirigiste a nosotros sin que te digeramos nada, así que la leyenda de la Toscana es cierta..

- Cóoooomo?? Quéeee?? - me decía yo por dentro

A mi, ya me estaban pareciendo demasiadas cosas particularmente curiosas cómo para no empezarme a preocupar, o pensar en dar marcha atrás y pirarme sin mi nuevo amigo… que conocía tan solo de dos días, igual me había precipitado un poco…

El Maestro Rastafari siempre andaba pendiente de mi, y captaba rápido cuando me entraban las dudas, y me sentía incómodo, así que le dijo a Martina:

Martina da Camaiore, hija de la Toscana, podrías hacernos una sutil representación de tus capacidades de hechicera para que mi nuevo y apreciado amigo y talentoso artista se sienta cómodo con tu presencia viendo que no nos engañas?

- Claro Maestro Rasta, pero Camaiore se pronuncia con la E cerrada, remarcó, y se fué, volviendo con 2 vasos de agua.

Estos vasos estan llenos de agua bien fresca, ustedes dudaron de mi. Ésta es el agua de la verdad, si habéis dicho la verdad de quienes soys os refrescaréis, si sin embargo mentís o algo escondéis os quemaréis.

El maestro tomó un trago largo y dijo; está templada.

Yo, confiando en lo que dijo el maestro y sin ver ningún tipo de humo salir del vaso, tomé un trago largo y sediento, quemándome la boca y los labios, escupiendo agua por el suelo que me ardía como si fuese lava.

La hechicera me dio un ungüento que sacó de un bote morado de su bolso, para curarme las heridas , quedándome solo una marca en al parte inferior del labio.

- Ahora me creéis - dijo Martina?

- Asentimos con la cabeza a la vez.

- Entonces, decidme quién sois, empezando por ti que te has quemado más. En qué mientes? Puedes decirnos porque te has quemado?

-Se acabo mi carrera de artista bohemio - me dije a mi mismo

- Creo que me he quemado porque no soy Irlandés, ni artista, mayormente soy un farsante que en Ibiza le dijo a un Rasta Super Cool que era artista para caerle bien, sin más. - miré al maestro algo avergonzado pero el no me miraba.

Y tu Rastaman ? que escondes? - preguntó la hechicera...